Frigiliana lleva décadas atrayendo a artistas, y hay razones: aquí la luz de la Axarquía, el blanco de las fachadas y el paisaje entre la sierra y la costa ofrecen un material visual difícil de igualar.
Entrar en un espacio de arte en un lugar como este tiene poco que ver con hacerlo en una ciudad. No hay distancia: es habitual coincidir con el propio autor, conocer cómo trabaja y comprender de dónde nace cada cuadro.
La pintura contemporánea a veces intimida a quien no viene del mundo del arte, y no debería. No hay una forma correcta de mirar un cuadro: hay una reacción personal, y esa es la única guía necesaria.
Comprar una pieza original no es una cuestión de presupuesto elevado, sino dar con la que conecta contigo. Y frente a una lámina o una copia, una obra original no se sustituye.